JANNMARC ROUILLAN
DE MEMORIA II El duelo de la inocencia...
$ 990
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Temática: SOCIOLOGIA
Cantidad de páginas: 192
Peso: 270g
ISBN: 9788492559213
Editorial:
¿Qué dirás delante del pelotón?
Nunca me ha gustado hablar de ello. Al igual que nunca hablo de la cárcel. No quiero obsesionarme: debes hacer lo que crees justo, sean cuales sean los riesgos.
¡Porque a ti, cuando te pillen, te fusilan fijo!
Sonríe señalándome con el dedo. Como muchos otros barceloneses, el Metge estaba convencido de ello. Sí, irán a por mí... o a por Oriol, evidentemente.
Ravachol no tuvo tiempo de terminar la frase «Viva la rep...», cuando la cuchilla lo decapitó me dice, mientras, con un gesto teatral, se lleva la mano al cuello.
Le devuelvo la patata caliente:
¿Y tú? ¿Qué gritarás tú?
¡Viva la anarquía!
¡Pero si tú no eres anarquista!
Se hace el sorprendido. Ya nos hemos peleado bastante sobre eso durante las reuniones de la revista como para devolverme esta burla.
Me da igual y deja escapar una sonora risotada. Suena bien, ¿no?
A finales de los años sesenta y principios de los setenta, España era un hervidero político en el cual los cuadros de la vieja izquierda y de la ultraizquierda nacida al calor de las movilizaciones obreras y del movimiento estudiantil se preparaban para dar el salto a la legalidad y al nuevo-viejo régimen de democracia monárquica tutelada por los militares. Este iba a recompensar la desmemoria y el colaboracionismo de la oposición domesticada o domesticable con un reparto generoso de cargos en la administración pública y la política, y con espléndidas subvenciones y chanchullos a los sindicatos «adictos» al nuevo régimen. El resultado era previsible, pero pocos fueron los que se opusieron de verdad a las traiciones de la Transición.
Nunca me ha gustado hablar de ello. Al igual que nunca hablo de la cárcel. No quiero obsesionarme: debes hacer lo que crees justo, sean cuales sean los riesgos.
¡Porque a ti, cuando te pillen, te fusilan fijo!
Sonríe señalándome con el dedo. Como muchos otros barceloneses, el Metge estaba convencido de ello. Sí, irán a por mí... o a por Oriol, evidentemente.
Ravachol no tuvo tiempo de terminar la frase «Viva la rep...», cuando la cuchilla lo decapitó me dice, mientras, con un gesto teatral, se lleva la mano al cuello.
Le devuelvo la patata caliente:
¿Y tú? ¿Qué gritarás tú?
¡Viva la anarquía!
¡Pero si tú no eres anarquista!
Se hace el sorprendido. Ya nos hemos peleado bastante sobre eso durante las reuniones de la revista como para devolverme esta burla.
Me da igual y deja escapar una sonora risotada. Suena bien, ¿no?
A finales de los años sesenta y principios de los setenta, España era un hervidero político en el cual los cuadros de la vieja izquierda y de la ultraizquierda nacida al calor de las movilizaciones obreras y del movimiento estudiantil se preparaban para dar el salto a la legalidad y al nuevo-viejo régimen de democracia monárquica tutelada por los militares. Este iba a recompensar la desmemoria y el colaboracionismo de la oposición domesticada o domesticable con un reparto generoso de cargos en la administración pública y la política, y con espléndidas subvenciones y chanchullos a los sindicatos «adictos» al nuevo régimen. El resultado era previsible, pero pocos fueron los que se opusieron de verdad a las traiciones de la Transición.
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